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LO CONFIESO, SOY CAMARERO

Por | 23 abril, 2017

LO CONFIESO, ME LLAMO EDUARDO Y SOY CAMARERO…

Leía hace un rato un post en Linkedin de una chica con formación como Técnico en RRHH, como comentaba que tras 4 años de estudios, prácticas etc. había conseguido su primer trabajo de camarera en un restaurante.

No lo lamentaba directamente, pero venía a canalizar una cierta frustración.

Rápidamente muchos profesionales de distintas ramas, en puestos directivos o no, le animaban y le decían que en la vida todo suma y que ningún comienzo es malo. Que muchos habían comenzado igual, “picando piedra”. Otra vez, cierta frustración, o eso quiero suponer.

Mi consejo y reflexión serían distintos.

Parto de la base de que no tengo un solo mal recuerdo de mi pasada y actual profesión, la de camarero, y quizás eso pueda resultar en que mi visión esté sesgada. También he de reconocer que el primer valor que nos enseñaban en la escuela de hostelería, por mucho que nos formaran para directores de hotel y empresas de restauración era la humildad. También nos enseñaban a trabajar desde abajo y que el único importante es el cliente, que es quien da sentido a nuestra industria (¿acaso no se lo da a todas?).

Quizás porque “el que nace lechón, cochino se muere” o simplemente porque mi vocación por ser de utilidad y hacer felices a otras personas (que fue la que inicialmente me llevó a éste mundo), no ha dejado de verse satisfecha día a día, año a año, no puedo dejar de pensar diferente.

Comencé como camarero de bares de copas (confieso que aquí era más por las oportunidades de ligoteo que por la vocación de servir) y rápidamente, tras un accidente laboral común a nuestro sector, vi frustrada mi meteórica trayectoria de crápula.

De ahí salté a la cocina, que si bien siempre me ha gustado, no satisfacía esa necesidad de estar frente al público y ver como sus iniciales caras de indiferencia, pasaban por el asombro hacia la felicidad. La mejor propina siempre fue una felicitación de un cliente. Vendemos ilusiones y facturamos experiencias, solemos decir en el turismo.

De vuelta a la sala, identifiqué pronto las muchas puertas que se me abrían y comenzó un mundo de viajes de formación a temprana edad (17 años), que han incluido entre muchos otros: visitar profesional y turísticamente más de un país; dominar algún que otro idioma, conocer y respetar las costumbres, credos, así como creencias políticas de muchos; atender personajes famosos, incluso jefes de estado; negociar con directivos de grandes empresas, aprender de sus industrias e incluso enseñarles cómo sacar mejor partido de sus eventos; sentarme de tú a tú con todos ellos; desarrollar un sinfín de habilidades sociales y directivas en empresas pequeñas y medianas, independientes o multinacionales; satisfacer mi vena emprendedora; compartir mi “escaso” conocimiento en las principales instituciones formativas vinculadas al sector, y a ver crecer a mis cachorros (como yo los llamo, aunque ahora los modernos los llaman “mentorees”) hasta liderar proyectos / empresas de una envergadura que dan vértigo o a alcanzar 2* de Michelín (y espero que pronto 3*).

Mientras tanto, muchos de mis mejores amigos, todavía estaban en la universidad o empezando en el mundo laboral, siempre en un entorno cercano o de confort, en experiencias que comparadas con las mías les parecían poco interesantes y lo que es peor, casi siempre peor remunerados y con pocas posibilidades de ascenso.

Atrás quedan proyectos de todo tipo, llegando a gestionar el talento de más de 400 almas y cuentas de explotación con más de 25 Mio. € de facturación, compartiendo nuestros logros y en alguna que otra ocasión mis fracasos, todo ello en situaciones de recursos limitados, simultaneidad, inmediatez, presión ambiental, etc. que difícilmente se viven en otras industrias.

Aquí queda una gran curiosidad por seguir conociendo y compartir, desde las técnicas del oficio de camarero, hasta el conocimiento sobre diseño de modelos de negocio, planificación estratégica, gestión de RRHH y tantas otras cosas que se han ido sumando a la mochila.

Desde que comencé en la hostelería hace ya 31 años, tanto en empresas hoteleras como de restauración, no me ha faltado trabajo ni un solo día y donde se cerraba una puerta, siempre aparecí otra. Es más, cuando no era por cuenta ajena, también surgían oportunidades por cuenta propia.

Mis padres, titulados superiores los dos y en caso de mi padre, exitoso Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, pues mi madre se sacrificó y sacrifica a nosotros como tantas veces pasa, nunca me quitaron la ilusión ni me dijeron que me buscara una “industria seria”. Tan sólo me animaron a formarme y ser el mejor, así como la mejor persona posible.

Mi consejo a esta chica sería que abriera bien los ojos y afinara los oídos, porque además de lo ya dicho, la restauración es un sector tremendamente dinámico, innovador y creativo, que solo en España aglutina más de 270.000 empresas y genera 1,5 Mio. de empleos con una facturación agregada de más de 1.800 Mio. de €. Es más, no tiene visos de dejar de crecer, espoleada por los cambios políticos, económicos, sociales y tecnológicos que nos rodean, así como por el hecho de que España se ha convertido en el primer destino turístico del mundo. Más de una veintena de empresas de restauración españolas, tan denostadas ellas, emplean a más de 3.000 personas y alguna llega casi a los 15.000.

Si esto no es de por sí interesante, sumemos a lo anterior y entre otros, el hecho de que sin nuestros colaboradores nuestros servicios no serían tales, que el nivel de empirismo todavía presente es alto, que en nuestras cuentas de explotación la intensidad de la mano de obra supone entre el 35 y el 40% de nuestras ventas, y finalmente la estigmatización pública de nuestras industrias del ocio, el turismo, la hotelería y la restauración, basada en la creencia de que en nuestro mundo no existe un “Plan de Carrera”.…

¿Puede haber un entorno más interesante para un profesional de los RRHH? No querida amiga, estás donde tienes que estar, sólo hace falta que mires el mundo de otra manera.

¿CAMARER@? A mucha honra…

Eduardo Serrano Martínez

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